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El Mátrix Catalán

Este libro retrata una Cataluña infectada por el nacionalismo insolidario dictado desde el poder autonómico. El autor declara su amor a esta tierra, pero cuando compara la Cataluña actual con la que conoció hace años le invade una profunda decepción. Este sentimiento le ha impulsado a escribir EL MÁTRIX CATALÁN, un relato basado en una amplia experiencia personal, en la lectura de cuanto se ha escrito sobre el asunto y en el empleo de numerosos datos económicos, sociológicos y políticos sobre la realidad catalana, describiendo un panorama que se aleja mucho de los eslóganes que los independentistas vienen difundiendo. Este universo de verdades alternativas creado por el independentismo catalán para embaucar a sus ciudadanos ha inspirado el título de su obra: la tetralogía cinematográfica The Matrix, donde los humanos viven esclavizados en un mundo virtual manejado por sus amos, los robots, para poder extraer toda la energía de sus cuerpos mantenidos en estado vegetativo para aprovecharla en su exclusivo beneficio.

Entre otras muchas fuentes, esta obra se apoya en los testimonios de conocidos intelectuales catalanes libres de toda sospecha. El prestigioso historiador Vicens Vives nos enseña en Noticia de Cataluña (1954) que una constante histórica de las élites catalanas ha sido instigar revoluciones desde el poder con el fin de mantener sus privilegios locales, sacrificando en todas ellas el bienestar del resto de sus conciudadanos. Abundando en lo anterior, Agustí Calvet (a) Gaziel, un prestigioso periodista catalán que fue director de La Vanguardia entre 1920 y 1936, había escrito en el citado diario en 1930: “Cataluña viene siendo, desde hace cuatro siglos, la epiléptica de España”; y anteriormente, en 1925, expresaba en El Sol que el “exceso de fachada” y el “empacho de retórica” eran las dos faltas graves de la Cataluña nacionalista “en manera alguna equivalentes a la solidez interior del edificio ni a la realidad de los hechos”. Y antes que ellos, el protonacionalista Prat de la Riba preconizaba en su obra germinal La nacionalitat catalana (1906): “Aquesta obra, aquesta segona fase del procés de nacionalisació catalana, no la va fer l’amor, com la primera, sino l’odi”.

Pasados los años, hemos vuelto al bucle fatídico descrito por Vicens Vives y Gaziel retrocediendo a una Cataluña en la que, de nuevo, mediante la fraudulenta “fachada y retórica”, la oligarquía y la clase política dirigente se afanan en inocular la inquina hacia España propugnada por Prat de la Riba para seguir manejando Cataluña a su antojo. El principal mecanismo sentimental utilizado para conseguir su propósito ha sido el del victimismo plañidero, pregonado hasta la saciedad por su machacona propaganda, en la que culpan al Estat Espanyol de todos sus males con la doble finalidad de desviar hacia otros sus propias responsabilidades e incitar al desistimiento de los catalanes hacia España. Y su primordial palanca de discriminación social ha consistido en la lengua, utilizada para imponerse de forma irracional e inmoral, tal como hacen los supremacistas blancos con la raza, los machistas con el sexo o los talibanes con la religión. En este aspecto –y en muchos otros que se describen en este libro- el paralelismo con el Glorioso Movimiento Nacional franquista es evidente.

Reseñas:

«José Luis Villa desmonta todas las falacias victimistas del imaginario supremacista catalán, y recuerda cómo el nacionalismo, al que Pedro Salinas llamó “estupendo sembrador de estragos”, solo ha servido para romper la convivencia, pisotear los derechos individuales y servir de prólogo a matanzas y guerras. Villa cree que hasta que nacionalista no se considere un insulto estaremos en manos de un conflicto civil, viviendo una realidad política ficticia y en riesgo de acabar a palos.

El libro que recomiendo no deja ningún aspecto de la cuestión sin examinar, desde las más abstractas a las más menudas, lo que hace que la lectura de sus casi quinientas páginas, suponga un repaso multidimensional a todos los abundantes escenarios en los que se ha desenvuelto el llamado proceso político, desde los antecedentes históricos más relevantes hasta su andadura en las legislaturas de la democracia del 78. Como es natural, esto se hace sin olvidar los sucesos más recientes y lo que constituye el panorama político de este momento en Cataluña en el que todavía sigue funcionando el argumento implícito que da en considerar como normales lo que constituyen auténticos atropellos a la libertad, a los derechos ciudadanos, a la libertad de uso de la lengua de cada cual, a la neutralidad exigible a las instituciones públicas, a la justicia y al puro buen sentido.

Como señala el autor, la diferencia esencial entre las pretensiones nacionalistas de antaño y lo que ahora ocurre es que se permite que los políticos nacionalistas empleen los recursos públicos, que son de todos, en su exclusivo provecho político, es decir que se pretende construir una nación inexistente con los recursos de un sistema constitucional que no se respeta y que se trata de destruir. Como es obvio, ha habido un cierto freno a las pretensiones máximas de los promotores del soberanismo, desde las condenas judiciales a la absoluta desatención internacional, pero la minoría empeñada persiste en su absurdo propósito y en pisotear los derechos de una mayoría social cada vez más amplia que no quiere seguir siendo rehén de un proyecto enloquecido.

La segunda advertencia que hace Villa se refiere a la capacidad que tiene este asunto de envilecer el conjunto de la política española, en la medida en que en otros lugares se imiten algunos de los pasos de un proceso tan desdichado, una apuesta por una desvertebración creciente de la unidad española,  lo que constituye un camino hacia el disparate, el empobrecimiento y la reyerta civil, pero también porque esta absurda tendencia a la descomposición  puede suscitar movimientos políticos de sentido contrario que entorpezcan todavía más el clima civil de convivencia que es indispensable para progresar tanto en la situación económica como en la libertad.

El libro tiene un segundo volumen de anexos, algo más liviano, en el que Villa ha ido recogiendo temas que le apartarían de forma inevitable de su discurso principal, pero que no ha querido dejar en el cajón de las musas. En esos casi veinte exámenes de cuestiones muy variadas, desde la familia del patriarca Pujol, a la TV3 o el Barça, el autor va recogiendo historias y argumentos colaterales que son analizados de manera más ligera y muy pegada a la experiencia vivida. Es como si José Luis Villa temiera que sus argumentos de fondo, los que componen el primer volumen, se pudieran estimar como teóricos o doctrinarios y quisiera presentar ejemplos palpitantes de la verdad de lo que cuenta. Hay mucha información recogida en estos segundos capítulos y el lector no puede evitar asombrarse de algunas de las cosas que ahí se recogen.

Les recomiendo un libro que es triste por lo que cuenta, pero también divertido por cómo lo hace. Es el libro de un rebelde, de alguien que no se deja apabullar, de un testigo que podría decir con el personaje de Orwell en 1984, una vez que te atreves a afirmar que dos y dos son cuatro, eres de verdad libre. Como buen ingeniero, Villa está convencido de que las cuentas minuciosas son mejores y valen más que los cuentos, en especial, cuando por detrás hay mala intención y deseo de subyugar al que no piense de la misma manera, puro totalitarismo que no es menos por ser catalán.»

J.L. González Quirós en Disidentia.com